Uno de esos días / Wise Up

Hay días terribles. Días en los que se juntan la mierda y la lluvia. Días en que los ignorantes con poder quieren aplastarte la cabeza, días en que dudás de lo que hacés y lo que sos. Días con sus noches. Temporadas de gris permanente y desanimo. Días de quiero dormirme ya y terror a tu propia sombra. Hoy es uno de esos días. Y me acuerdo de esta canción. Que alguien me arroje un salvavidas o que alguien apague la luz para no ver las serpientes que me rodean. La lluvia de ranas será esta noche y caerán sangrantes sobre el pavimento. De niño mamá me abrazaba en las noches de tormenta. Crecés, y entonces tenés que salir a la calle a tentar los rayos. “But is not going to stop (…) ’till you wise up”. Aquí el video original de Wise Up, de Aimee Mann, canción protagónica del filme Magnolia (1999), dirigida por Paul Thomas Anderson.

Aquí, tal como se mezclan líricas e imágenes en el filme

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Gracias, viejo Sony CHF 60

Somos lo que sonó en casa. Somos esa mezcla extraña de clásicos populares y rock –n–roll que acompañaron nuestra infancia. Yo soy Kiss, Queen, Beatles, Claudia de Colombia, Julio Iglesias, Los Panchos y Se te quemó la casa. Soy, en buena parte, los discos de vinilo que tenía mi abuela en esa casa enorme de dos pisos en el barrio San Fernando de Cali; soy los acetatos de Rocío Durcal que le regalaba mi padrastro, ‘El Gordo’, a mi vieja, Clara. Pero soy más rock que los cuplés que oía mamá; y si soy más rock (sin que eso quiera decir mejor o peor), es gracias a las maravillas que grababan mis primos Carlos e Ignacio en los viejos cassettes Sony CHF-60; los rojitos, los de toda la vida, los que vieron morir su cinta devorada por los dientes insensatos de un reproductor gastado –si hay menores de edad en este blog, vale la pena recordarles que antes del CD, del iPod y el mp3 existieron los cassettes, los vinilos y los cartuchos–. En uno de esos Sony CHF-60, por el Lado A,  se leía en tinta de Kilométrico azul: Kiss Alive II, y por el otro se veía, Queen: The Game. Yo tendría como ocho años y trataba de entender qué significaban esas palabras en inglés. Tenía una grabadora malísima (que usaba mi madre para reproducir las cintas que le mandaba uno de sus viejos amores de España) y en ese aparato escuché por primera vez las palabras iniciales y legendarias del en vivo de la banda de Simmons y Stanley: “You wanted the best; you’ve got the best…”, y comenzaba la explosión eléctrica de Detroit Rock City, yo no sabía de géneros musicales, no sabía que estos señores se pintaban la cara –cosa que me habría enloquecido aún más–, pero al oír la descarga empezaba a moverme como niño poseído. Era un contacto primario, salvaje, como de la época de las cavernas, un estímulo que me hacía sudar. Ahí, en ese lado A, quedaron 30 minutos de Kiss en concierto; mi primo Carlos grabó las canciones que más le gustaron; mi favorita siempre ha sido Love Gun –lloré al verla y escucharla en el concierto que ofreció la banda en el Parque Simón Bolívar de Bogotá, en abril de 2009–. Al voltear el cassette, la onda de Queen me provocaba otras emociones. The Game es un álbum de altas y bajas, pero para mí es religión, el bajo de Another One Bites the Dust me hacía mover la cabeza de un lado a otro. No sabía que el cantante se llamaba Freddie Mercury, no sabía nada de Brian May, ignoraba que los del lado A eran gringos y los del Lado B, ingleses. Repito, contacto primario, ingenuo, bonito, honesto, sin filtro. Me levantaba y ponía el cassette. Se acababa y lo volvía a poner. Era Cristobal Colón descubriendo América, King Kong en la cima del rascacielos, era un niño con un tesoro metido en su baúl imaginario. Un tesoro de cinta y plástico que era mejor que cualquier beso insípido de niñita caleña. ¿Quién necesitaba una niña si tenía a mi amigo el Sony CHF-60? Los sábados mi abuela ponía a Claudia de Colombia en el tocadiscos de casa y yo me preguntaba por qué esa señora no podía cantar algo más emocionante y rudo. Los sábados, también, eran los días de verme con mis primos Carlos (‘El Negro’) e Ignacio (‘Chopper’), yo esperaba ansioso su llegada como el junkie al camello. ¿Qué traerían esta vez? ¿Más cassettes? Tiempo después llevaron en acetatos el álbum rojo y el álbum azul de The Beatles; pero de Paul, John, George y Ringo, espero hablarles en otra ocasión. Por acá los dejo con Love Gun.

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Thunder Road / Bruce Springsteen

Bruce Springsteen, 'El Jefe'

Mi ‘relación’ con Bruce Springsteen  había sido distante. Recuerdo que cuando era niño vi con emoción el video de Dancing in The Dark en el programa Los 10 mejores de la música, conducido por Lina Botero. Fue, para mí, todo un descubrimiento, una canción sencilla que, aunque no es la mejor del compositor de New Jersey, me animaba la vida a los once años. Me preguntaba por qué la chica del público se subía tan feliz a la tarima a abrazar a ese señor con pinta de campesino yankee de quien poco había oído hablar. Por cierto, la chica bonita del video es Courteney Cox, a quien todos vimos en la serie Friends, cómo pasa el tiempo. Luego comprendería por qué la fanática bailaba con el ‘redneck’, él era el ‘Boss’, un tipo único, de voz desgarrada capaz de escribir unas letras potentes, inolvidables. Siempre me llamó la atención que los españoles, quienes desconfían tanto de los productos estadounidenses –tienen sus razones– sean tan fanáticos de este hombre que es un ícono innegable de la cultura gringa. Claro, Bruce es un tipo del ‘pueblo’, representa el americano promedio, el cowboy sucio pero bueno, que es el lado americano que más gusta; y, lo más importante, es un tremendo compositor. De chico, aunque escuché casi todos los temas de su Born in the USA, Springsteen no era de mis favoritos. Pero ahora, a mis 38 años, cuando he empezado a revisar su discografía, no dejo de sentirme movido y conmovido por muchas de sus viejas canciones –y nuevas también, el tema que compuso para la película The Wrestler (2008), es grande–; ahora entiendo por qué lo sacan tanto en la Rolling Stone y por qué enloqueció al público inglés en Hyde Park y por qué conquistó a los españoles y a medio planeta. El que me llevó a repasar los temas de ‘El Jefe’ fue el escritor inglés Nick Hornby, el mismo de High Fidelity, quien en su libro, 31 canciones, habla de lo que significa para él el tema Thunder Road, que abre el legendario disco Born to Run (1975) de Springsteen (lean esta entrevista de Hornby a Bruce en The Guardian). En la canción, que en principio se llamaba Wings for Wheels,  el protagonista, harto de su rutina y su pueblo, va a casa de Mary –’la chica’– a proponerle que se larguen de ahí. En este enlace pueden encontrar una de tantas interpretaciones de la canción (más sobre el tema, aquí). Thunder Road es un himno, una canción de liberación, una roca contra la ventana que rompe los vidrios del pasado. Thunder Road es un llamado al cambio, es una alerta, un grito desesperado por salir de la apatía. En esas líneas finales, queda todo dicho: “It’s a town full of losers / And I’m pulling out of here to win”. Los dejó con tres versiones, de distintas épocas, de esta canción que siempre estará en la lista de mis imprescindibles. La primera es en Londres, 1975. Aquí va. (Casi lo olvido, el nuevo disco de el ‘Boss’, Wrecking Ball, saldrá a la venta el próximo 6 de marzo; aquí su primer sencillo, We Take Care of Our Own)

La segunda es de su presentación en Barcelona en 2002, bonita versión, más pausada, con toda la E Street Band.

La tercera es una linda versión, cantada con la rubia Melissa Etheridge

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Here It Is / Leonard Cohen

Leonard Cohen  Foto: cortesía del artista (tomada de NPR)

Era un día de diciembre de principios de este siglo. Llevaba mi histórica chaqueta Diesel gris (13 años conmigo), mis botas Dr. Martens (13 años, también), mi pelo olía a una rara mezcla de grasa y cigarrillo y estaba conectado a mi discman Sony plateado que nunca llegaría a Colombia (era igualito a este). La temperatura en Madrid no superaba los cuatro grados centígrados y el fuerte viento congelaba por igual las cabezas de sudacas y peninsulares de bellota. Entré a la estación Bilbao, cerca del Café Comercial, bajé por las escaleras y esperé la línea 1, hice una parada en Tribunal, busqué la línea 10, llegué a la estación de Príncipe Pío, y caminé, como era usual, durante 15 minutos hasta llegar al pequeño apartamento que compartía con dos psicólogas colombianas (que estaban locas; claro). Nunca olvido ese trayecto y el maldito viento del Polo Norte. Ese día tenía algo de alegría y tragedia al mismo tiempo. Le había dicho adiós a la que fue mi chica durante tres años –bueno, ella fue la que me dijo adiós, para ser honesto–, aún recuerdo su cara pálida a través de la ventanilla del vagón, y estaba comenzando a salir con la mujer que aún hoy me soporta a su lado (como mi chaqueta Diesel). Durante todo el camino estuve oyendo el disco, comprado a los piratas; no me alcanzaban los euros para ser legal, de Leonard Cohen: Ten New Songs, uno de esos trabajos preciosos y desgarradores, que es mejor no pillar en medio de una depresión. Caminaba. Y el frío. Y el maldito río Manzanares. Y los patos (en realidad no había patos). Y la noche. Y las frases de Cohen, de su canción Here It Is, golpeando en los audífonos: “May everyone live / May everyone die / Hello, my love / and my love goodbye…”. Te pueden hacer un hoyo en el corazón las palabras de este poeta de voz megabass. “Here is your sickness / Your bed and your pan / And here is your love / For the woman, the man”. Esa noche puse unas cien veces Here It Is, A Thousand Kisses Deep, Alexandra Leaving… comprendía que se acababa un capítulo de mi vida. Pasado consumido por las llamas del presente. Presente incierto que hoy es pasado conocido. Fue una madrugada gris alimentada por un Twining’s Breakfast Tea y una ‘madalena’ del Champion. Buen disco el Ten New Songs. Evocador. Mr. Cohen estrena álbum el próximo 31 de enero: Old Ideas, del que ya hemos oído Show Me The Place and Darkness. Quizás la noticia me llevó a recordar lo que ya ha quedado escrito. Aquí, un artículo en el que habla de su nuevo disco (publicado por El Universo de Ecuador, con información de EFE). En la página de NPR (y no sé por cuánto tiempo) se puede escuchar todo el nuevo álbum gratis, en streaming. Y acá abajo, la canción protagonista de este post: Here It Is.

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Every Sperm Is Sacred / Monty Python

(Este es un viejo videopost recuperado, lo publiqué originalmente en mi primer blog, el día 3 de octubre de 2006, no quería dejarlo en el olvido). En 1983 la descarriada pandilla de los Monty Python realizó el filme The Meaning of Life (el último que hicieron juntos),compuesto por varios capítulos que se empeñan en mostrarte qué jodida es la vida; de hecho, así lo vemos en el primer episodio en el que acompañamos a una pobre mujer pocos minutos antes de parir (¡y vaya médicos que la atienden!, caspas en toda regla). De esa obra he querido traer a este blog el momento musical en el que entendemos porque ‘Every sperm is sacredevery sperm is good‘. Eso les dice a sus hijos (son por lo menos cincuenta) un pobre papá católico, que argumenta que no hay que andar botando el esperma por ahí… la Iglesia lo prohibe. Por eso él tiene tanta descendencia, y por eso, debido a su pobreza y el exceso de niñitos y niñitas, debe venderlos como conejillos de indias. En fin, que canten… . Ojalá les guste, ¿qué opinan de esta gran pieza? (versión con subtítulos en español)

Me pareció simpática está versión en italiano, juzguen ustedes

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No Rain / Blind Melon

Blind Melon  Shannon Hoon, segundo de derecha a izquierda

Los noventa dejaron muchos músicos muertos. Todos recuerdan a Kurt Cobain, el líder de Nirvana que se suicidó el 5 de abril de 1994 y quien fue esposo de esa extraña criatura llamada Courtney Love (esta se supone que es su carta de despedida antes de darse un tiro en la cabeza). Otros recuerdan a Michael Hutchence, vocalista de INXS, quien se suicidó el 22 de noviembre de 1997 –así registro su muerte BBC–. Pero quizás no tengan tan fresca en la memoria la muerte de Shannon Hoon, el vocalista y el alma de la banda estadounidense Blind Melon, quien falleció el 21 de octubre de 1995, a los 28 años. Toda la historia de la banda, desde sus primeros intentos, el origen del nombre, su búsqueda desesperada de baterista, sus negociaciones con las disqueras, sus shows en bares y demás, pueden leerlo pacientemente en esta página. Hoon, cinturón negro de karate, buscapleitos, borracho persistente y un adicto que intentó zafarse de los brazos de la droga después de que nació su hija Nico, además de dejar su aporte en Don’t Cry de los Guns –n– Roses (aquí pueden ver a Axl y a Shannon cantando el tema juntos), interpretó uno de los temas necesarios para comprender la última década del siglo pasado: No Rain, el track número siete del primer álbum de la banda, que se llamó Blind Melon (1992). No era el típico frontman, basta con revisar su presentación en Woodstock 1994, en la que salió con ropa de su novia, los ojos pintados y, claro, muy intoxicado (vean su interpretación de Change en ese concierto). Me pasa que cuando escucho sus canciones: I Wonder, Holyman, Soup… viajo en el tiempo, retorno a los días de Cali y el olor a piscina y el sol y la depresión calurosa y el cloro y la niña del bikini que vivía al final del barrio y la miseria de no saber adónde iba mi vida (aún no lo sé) y ahí, en la grabadora, Shannon Hoon cantando: “And I don’t understand why sleep all day / And I start to complain that there’s no rain“. Y en la pantalla del televisor la niña gordita disfrazada de abejita (se trataba de la joven Heather DeLoach, lean más sobre ella) que, al inicio del video, es abucheada por el público que no entiende su manera de taconear –hay gente estúpida en todas partes; hey niña-abeja, qué estilo tenías– hasta que por fin encuentra, en un verde escenario natural, los que se parecen a ella. Siento un vacío en el estómago cada vez que escucho el primer disco de los Blind Melon, pienso en Hoon muerto, en unos noventa que de alguna manera fueron una farsa, en el regalo que le dio a Chris Cornell de los Soundgarden, pienso en la niña del bikini que se largó con un músico peludo que semanas después la abandonó, pienso en la vida como un gran proyecto fallido y lleno de ausencias, de muertes, de ilusiones que se desbaratan, de abejas desorientadas y fuera de lugar. Hoon es un cadáver que me duele más que otros muchos que de lejos sobrepasaron su fama. Esa vocecita de niño torturado, esas respuestas de cerebro drogado (aquí habla con BBC sobre Syd Barret de Pink Floyd) y el maldito vacío de una época despreciada por muchos habitantes del siglo XXI. A quienes siguieron las peripecias del líder de los Blind Melon, los invitamos a que vean aquí a su hija, Nico Blue, cantando Change con la banda. Y a todos los nostálgicos, abajo les queda el video inolvidable de No Rain, uno que ha comenzado a gustarle a mi pequeña hija de tres años y medio (en este enlace pueden recordar la canción en su versión unplugged para MTV). Además, un homenaje a Shannon Hoon y al grupo, en este buen audiovisual: Letters from a Porcupine (gracias, YouTube).

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Public Speaking / Fran Lebowitz

Fran Lebowitz  En el documental 'Public Speaking' de Martin Scorsese

No solo la ficción le sale bien al director Martin Scorsese (Goodfellas, 1990), quien estrenó el 22 de noviembre de 2010 este documental sobre la escritora gringa Fran Lebowitz (quien cumplirá 61 años el próximo 27 de octubre). De sus conversaciones y las horas que invirtió siguiéndola por diversos escenarios, salieron los 82 minutos que dura Public Speaking, que muchos pudimos ver por HBO. Judía, ácida, sincera, destructiva y poco creyente de las redes sociales, Lebowitz es conocida por su libro de ensayos Metropolitan Life (1978). Si les interesa el personaje (después de ver el video van a querer saber más de ella), les recomiendo leer esta buena entrevista en The Paris Review y revisar esta corta sesión de preguntas y respuestas en Time Magazine. Aquí hay un breve comentario de la película en Village Voice. Y los dejo con este fragmento del documental en el que ella explica porque las noticias ya no son noticias. Poco se ha hablado de este trabajo y creo que merece una difusión más amplia de la que ha tenido. Juzguen ustedes. Si quieren comprar el DVD está disponible en Amazon, en este enlace.

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