Lo que he aprendido de mis ataques de pánico

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Disertaciones inútiles
Patxo Escobar sobre la ansiedad

Ya sé lo que va a suceder. Y, a pesar de las evidencias y de que ya lo he vivido, no puedo controlarlo. Todo empezó el 18 de diciembre de 2015, una tarde en la que morí, sin morir. En la clínica el médico me dijo que había sido víctima de un ataque de ansiedad (mi psiquiatra me dice que debería llamarlos por su nombre, ataque de pánico). Sentís que el mundo se apaga, que tu corazón late tan de prisa que vas a estallar, sentís que el aire se va, se agota y que ya solo te queda el último y triste respiro. Pero seguís vivo. Celebrás la vida, pero lamentás lo ocurrido, sabés que en cualquier momento puede repetirse; a veces estás más lúcido y evitás el choque del ataque; a veces, simplemente, a pesar de tus intentos por resistirte, no podrás escapar. Y la misma desesperación aflora.

No soy el único, sé que muchos sufren de estos ataques, y algunos ni siquiera saben que los padecen o no quieren aceptarlo. La aceptación, de hecho, es una de las armas más valiosas. Aceptar que está pasando. No culparte por lo que pasa. No culparte después, aunque cuesta mucho no hacerlo; el ataque de pánico es una de las agresiones más claras, puras y duras hacia nosotros mismos. Hay muchas maneras de sobrellevarlo, de hacerle un verónica: concentrarte en el acto de estar presente, en lo que está pasando en ese instante, en la respiración, en el tacto de lo que palpan tus manos, el ataque de pánico es un ataque de tu mente, si tu mente no está al mando no podrá amenazarte. Suena muy fácil, no lo es, pero con práctica se puede lograr. La terapia y ciertos medicamentos pueden ayudarte (pero jamás, nunca, te automediqués); en mi caso las sesiones con mi psiquiatra me han ayudado mucho.

Sin embargo, mientras escribo esto al inicio de 2017, llevo una seguidilla de días plenos de ataques; a pesar de todo lo aprendido en 2016 sobre cómo poder controlarlos, solo logro una paz parcial, que celebro y vivo intensamente cuando llega. Quisiera no culparme, pero me culpo. Quisiera no desesperarme, pero a veces siento que pierdo el control. Pasará, seguro. Volverá la calma. La nube gris es pasajera; la nube gris (y eso es lo que me agobia) la invento yo; la inventamos todos los que sufrimos de estos ataques, pero no es fácil borrarla. Se irá. Claro, se irá. Escribo esto no para causar alerta o provocar lástima, escribo esto porque cuando comencé a experimentar estos ataques no encontré en la web mucha gente que compartiera sus experiencias, solo páginas con los síntomas del ataque, drogas que pueden utilizarse, una gélida pared técnica y gris; y vos buscás, simplemente, la voz, la letra, la historia de otro que te haga entender que no estás solo, que nos sos un freak del pánico, buscás a alguien que te diga, “pasará, pero tendrás que dar la lucha”,  “sé lo que sentís, entiendo tu dolor; pero tenemos que aprender a no crear ese dolor, porque nosotros mismos lo estamos generando”, “apretá mi mano, recordá estas letras antes de cerrar los ojos, somos muchos, no estás solo, no sos ‘raro’, solo estás débil, recuperarás la fuerza para volver a volar”. Escribo esto como una suerte de liberación, de grito y abrazo, al mismo tiempo.

No soy médico, ni un especialista, solo hablo de lo que he sentido, de lo que he aprendido a fuerza de vivir estos ataques; de lo que he aprendido de la mano de mi psiquiatra, de la gente que me quiere, de los amigos que han hecho largas caminatas conmigo hasta que el ataque se cansa de perseguirme, de todos aquellos que me han contado que también sufren estos episodios, de mi madre que los padeció cuando estaba embarazada.

Intentá estar presente, aquí, ahora, lo escribió Eckhart Tolle hace muchos años, (la música, en mi caso, me ayuda mucho a salir de las garras del pánico, también caminar, trotar, hablar, o escribir; repito, a mí me sirve, cada cual hallará su manera, encontrá vos la tuya); tratá de enterrar el odio, apoyate en el amor de los que te aman, y dales más amor, perdoná y perdonate por dejar que la angustia gane la partida; sos muy valioso, sos valiente por entregarte a este momento, sos capaz de dejarlo atrás, y, quedará atrás, y quizás regrese, y volverás a vencer al miedo sin clavarle una espada en el corazón, lo vencerás con un soplido; miedo, yo te invento; miedo, yo te exilio; miedo, no te tengo miedo porque, miedo, no existís.  No estás solo, no estamos solos. Somos muchos. Seamos fuertes. La rabia trae el temor. El amor lo desvanece. El amor aleja el miedo. Es nuestra mejor arma. (Comencé a escribir estas líneas al inicio de un nuevo ataque, las terminé y ya no estaba).

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¿Quién soy? ¿Qué he hecho? Aquí: Patxo Escobar

8 Comments

  1. Plinio Casas says

    Buenas noches, a mi me funcionó el pnl, hice algunos ejercicos y 90% bien, a algunos psiquiatras no les gusta porque es muy efectivo y rapido, saludos.

  2. Iván Salazar F. says

    En mi largo caminar he visto que no estamos libres de sentir lo que sentiste. Ya diste el primer paso al tomar consciencia del asunto. No es cuestión de ser valiente, es un ejercitarse para vivir al día a día sin dejarnos abrumar ni por los errores del pasado o las incertidumbres del futuro. El amor, como tu mismo aludes es un bálsamo que cura y ayuda a valorar lo maravilloso que la vida nos ofrece cada día. Mucha suerte. Un abrazo

  3. Fabiola says

    Hola Patxo, yo estoy igual que tú desde el mismo año, me gustaría mucho hablar con alguien que padece esto. Crees que podamos tener algún contacto por mail o algún otro medio? Saludos

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