Ansiedad y Pánico

¿Sirve ir al psiquiatra si sufres de ataques de ansiedad?

Patxo Escobar, en la oficina de Esquire. Ataque de ansiedad

Así llegué al consultorio de la doctora ‘A’, otra psiquiatra (amiga de la doctora ‘G’), especialista en este tipo de medicaciones. Su ayuda ha sido vital. Le confesé que me daba pavor volver a la “pastilla” diaria. Era caer vencido a los pies de los químicos. “¡No quiero ser un esclavo de las pinches farmacéuticas que están acabando con el mundo!”, grité. Le expliqué que nunca había sentido los beneficios de aquel ansiolítico tan bien valorado por la comunidad psiquiátrica. “¿Te lo tomaste con juicio?”. Tuve que decirle la verdad: “No”. Siempre tomé una cantidad inferior a la sugerida, y a veces no lo tomaba. Ella fue sincera: “Ninguna pastilla te va a quitar la ansiedad. Es decir, puede ayudarte durante un tiempo, pero el medicamento solo funcionará si lo acompañas con un cambio de hábitos, con un cambio en tu vida”. Me costó entender eso del “cambio de hábitos”. Con ella encontré la hora indicada para tomarme el medicamento y hallé la dosis justa, por lo menos la que me funciona hoy; con la ansiedad no hay una “sola” fórmula infalible”.

No basta con una ‘pastilla’

Y, claro, me di cuenta de que aunque era arriesgado, debía hacer un cambio en mi manera de vivir. Ahora trabajo desde casa, gano menos dinero, pero nos alcanza para pagar las cuentas básicas y para comer bien, mire usted. Sí, algunas semanas trabajo todos los días, sin pausa, incluyendo los fines de semana, y a veces trasnocho editando o escribiendo, pero estoy en casa. En las tardes puedo esperar a que llegue mi hija del cole, en las mañanas hago la compra con mi mujer (y la veo, y hablamos y lo demás no es de su incumbencia), saco tiempo para peinar a mi perro Manolo (ya sabe que vivo aquí y que no soy solo un habitante temporal), salgo a dar mis clases de periodismo en LaSalle College, compro el pan, me tomo un café con mi amigo el fotógrafo, voy a reuniones de trabajo, doy algunas charlas. Mi vida ha cambiado mucho. Y sé que la ansiedad está ahí. A veces fiera y a veces dormida (estos últimos meses me he sentido mucho mejor). Y sé también que buena parte de  estos cambios llegaron gracias a las primeras explicaciones del doctor ‘V’, a la terapia juiciosa con la doctora ‘G’, y a la medicación y los consejos de la doctora ‘A’.

La terapia psiquiátrica me ha dado buenos resultados, pero, como se lo explicaba la doctora ‘G’ al periodista Camilo Amaya de Semana (hoy editor de revista SoHo): “(la ansiedad) es un tema muy complejo que se ha abordado desde muchas disciplinas como la psiquiatría, el psicoanálisis, la psicología energética, la sociología, la neuropsicología, entre otros. Y todos esos puntos de vista son ciertos y deben integrarse en su manejo”. No basta con una sola cosa. A mí sirve la terapia, la meditación, la medicación, trotar, caminar, agradecer, brindar con agua y sin vino, leer, escuchar música, ver pelis idiotas, hacer muecas frente al espejo, una buena charla. No hay una sola manera de tratar la ansiedad.

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